12-1-14
Se cuenta que hay bestias que viven de otras bestias. Por ejemplo, los vampiros viven de la sangre de otros miembros de su misma especie, que no son vampiros, claro, pero son bestias como ellos. Los ladrones viven a costa de los bienes de otros miembros de su misma especie, que no son ladrones, claro, pero son bestias como ellos. El problema son los políticos, ¿son los políticos bestias que viven de otras bestias?. Los políticos corruptos se forran mientras ejercen la política a costa de miembros de su misma especie, que no son políticos, claro, pero son bestias como ellos. Los políticos no corruptos que, como as meigas, haberlos, haylos, se forran después aprovechando los réditos que les ha dado su participación en los privilegiados datos que les ha proporcionado su ejercicio político a costa de miembros de su misma especie, que no gozan de datos privilegiados, claro, pero son bestias como ellos. La mala gente, mal pensada, envidiosa, esa gente que muere de úlcera de estómago o de cáncer de hígado, no duda en llamar a los políticos vampiros y ladrones. Pero están muy equivocados. Ni un vampiro se parece en nada a un ladrón, ni un ladrón se parece en absoluto a un político. A un vampiro, si lo pillan, le clavan una estaca en el corazón y lo joden vivo. A un ladrón, si lo pillan y la policía no lo mata a hostias, lo encierran en una celda de mierda y tiran la llave. A los políticos no los pillan, los eligen en las urnas y, además, los elige el pueblo. Son héroes, magnánimos, honrados y, algunos, hasta santos. Dejad de hablar mal de los políticos, insensatos irresponsables. ¿O preferís que os mande a unos amigos y os rompan las piernas?.
11-1-14
Cuenta la leyenda que durante el llamado Antiguo Régimen el poder venía de Dios directamente a la cabeza del rey. Por eso el rey nunca bajaba la cabeza mientras todo el mundo la humillaba ante él. ¿Cómo harían los pintores de corte para reflejar sus rostros y, peor aún, sus ojos?. Una de dos, o se los imaginaban, lo que significa que ninguno de aquellos reyes se parecía en absoluto a los cuadros que hoy se conservan de ellos, o un tipo parecido hacía de modelo, lo que viene a significar que parecerse, se parecen, aunque no sean. Un buen día, los franceses hicieron rodar la cabeza del rey y no vieron el poder de Dios por ninguna parte. Pero no dudaron de Dios, que los franceses son muy suyos, comenzaron a cortar las cabezas de los que no creían en Dios, en decir los diletantes, o sea, los nobles. Resulta que la aristocracia, esa clase privilegiada que utilizaba el poder de Dios para conservar sus privilegios, no creía en Dios, estaba formada por un hatajo de ateos y libertinos que se pasaban el día follándose unos a otros en el sentido carnal y también en el sentido metafórico. Y no sólo eso, luego lo escribían para que perdurara en la posteridad. Eran gentes cultas y refinadas, tanto, que jamás negaron ser unos hijos de puta impresentables y una lacra social, incluso presumían de ello. No morían con la cabeza bien alta sencillamente por que cuando te la cortan se cae al suelo, pero eso no es un problema de humillación, sino de gravitación universal. Los que siguen humillándose día tras día son los que cortaban cabezas, sobre todo cuando dejaron de cortarlas porque alguien les dijo que eso estaba feo. Siguen humillados y siguen ofendidos, pero no aprenden. Ni aprenderán, porque ni son cultos ni refinados y, por supuesto, jamás serán nobles.
10-1-14
Todas las personas inteligentes tienen un certificado que lo demuestra. Las personas buenas tienen todas un título de bondad. Los hombres honrados tienen DNI. El resto son indocumentados, gente poco fiable, mala gente, por así decir, sin ánimo de insultar. Todo el mundo no tiene la suerte de ser español, los hay que quieren y no pueden. También los hay que pueden y no quieren. Pero ni a unos les vale querer, ni a los otros no querer. Según parece, ser lo que se quiere es muy diferente de querer lo que se es. Uno puede querer o no querer lo que es, si lo quiere, todos felices, si no lo quiere, ajo y agua. Pero si uno es lo que quiere, la cosa plantea serias dudas, ¿de verdad es eso lo que quieres?, ¿no será mejor que seas lo que te mandan y, de esa forma, evitarás problemas, hostias innecesarias y una muerte prematura?. Pero, ¿qué pasa si uno es lo que no quiere?, ¿tan jilipollas es uno?. No será que no te dejamos, puedes ser lo que te dé la gana, éste es un país libre. Y no me vengas ahora con que no es tu puto país, porque te hostio, que para eso mando, puedo y quiero. Porque yo sí soy lo que quiero y quiero lo que soy, como la gente decente. No soy un indocumentado, como otros, ni un parásito, ni un renegado. Hazme caso, chaval, no te metas en política, haz como yo. No te metas en líos, a ver si la liamos. Déjanos a nosotros, que sabemos lo que hacemos y sólo queremos tu bien. Ya verás como nos lo agradeces algún día. Porque nos lo vas a agradecer por la cuenta que te corre. Estás avisado.
9-1-14
Una de las consecuencias de habernos criado en una dictadura estrafalaria y haber sido educados por una caterva de maestros ignorantes, estúpidos y pederastas, es que todos hemos querido ser santos alguna vez. Ser torrado en unas parrillas enormes, frito en aceite hirviendo, eso de que te saquen los ojos y te corten la lengua, o que te arranquen la piel a tiras. Sufrir el martirio durante horas y horas o, con un poco de suerte, durante días y días. ¡Qué maravilla!. Y no se trataba de ir al cielo directamente sin pasar por el purgatorio, de eso nada, era el martirio en sí. Para entendernos, algo así como procrear: no se trata de traer hijos al mundo, sino de follar, el hecho en sí de follar. Aunque, dónde va a parar. Un buen martirio siempre será mejor que el mejor de los polvos. Cristo no era un tipo que andaba por ahí haciéndose amigo de los desposeídos, de los perseguidos, de los miserables y, encima, llamándolos bienaventurados, de eso nada. Era un tipo al que azotaron hasta dejarlo hecho un cristo, al que pusieron una corona de espinas, al que crucificaron clavándolo con clavos. Cierto que ha habido verdugos más brutos y gente que lo ha pasado peor, pero esa gente era torturada a la fuerza, porque les dio la gana a otros. Pero este tío de Nazaret se lo pasó como Dios, le dio la gana a él. Bueno, al Padre. Pero el Padre era el Hijo y el Hijo era el Padre. Y eso sin contar al Espíritu Santo, que era Padre, Hijo y un pájaro de cuidado. Tenemos suerte de no ser musulmanes o judíos, esos fanáticos religiosos. Esos terroristas. Somos buena gente, tenemos Democracia, y un gobierno que se preocupa por nosotros y nos cuida... Y que nos va hacer santos el día menos pensado.
8-1-14
Francos ha habido siempre: Astérix y Obélix ya lo eran. Los romanos los llamaban galos porque los putos romanos de mierda aquéllos llamaban Galia a Francia. Pero un día llegaron los francos, mataron a todos los romanos y a todos los galos y dejaron claro que aquella era su tierra desde tiempos inmemoriales. También dejaron claro que ellos siempre habían estado allí y que aquello siempre se llamó Francia. Y punto. Un poco más al sur, las cosas estaban más jodidas. Resulta que Hispania era Hispania con y sin romanos, nunca fue Gótica, es decir, la patria de los godos, gothorum patria. Y, claro, como tampoco tuvimos asterises ni obelises y sólo tuvimos ditalcos audaxes y minuras asesinando viriatos lusitanos y siendo asesinados por romanos que no pagaban a traidores, pues resulta que ya se ha montado el lío y ni sabemos lo que somos ni, mucho menos, lo que queremos ser. Porque, va usted y le pregunta a un inglés: ¿tú qué quieres ser de mayor?, y va el inglés y te dice: yo, de mayor quiero ser británico y, además, inglés, monárquico y hooligan. No problemo. Pero llegas a un lugar al que unos llaman España y otros "eso", al que unos llaman Patria y otros también, pero resulta que no hablan de la misma patria, y lo más seguro es que te cierren la boca a hostias, o a tiros, que de todo hay, o ha habido. Si además, ese curioso lugar sólo destaca por su incultura, por su incivismo y por su marrullería dialéctica, vamos bien. Claro que, bien pensado, siempre ha sido así. Siempre hemos sido moros y cristianos, nobles y plebeyos, pícaros y mosenes, carne y pescado...
Somos un pueblo mil veces exterminado, saqueado y sembrado con sal que, como esos zombies titubeantes y desnortados, ni lo sabemos ni nos queremos enterar ye ye...
7-1-14
Las personas simples y sencillas escuchan a los contertulios de la radio o de la tele, los oyen o los ven indignarse por cualquier cosa, porque Pepita no se afeita los sobacos o porque Pepito sí se los afeita, y ellos también se indignan. Y se suelen indignar mucho, casi tanto como se indignan los contertulios. A los contertulios les pagan por ser imbéciles y muchos de ellos estafan a la empresa que les paga porque se hacen los imbéciles, pero no lo son, es decir, no se ganan el sueldo. En el bar con los amigos, en la pelu con las amigas, en la casa de putas (o putos), son brillantes, ingeniosos, hasta inteligentes, como clientes o como currantes, que de todo hay. Pero en realidad son más falsos que Judas, niegan al Maestro más que Pedro y son más incrédulos que Tomás. Aunque lo suyo es crucificar, sin crucifixión no hay orgasmo, y mira que joden, pero nada. Hablar mal de la gente y que no te esperen en la esquina con una navaja, no es asunto sencillo, pero ellos lo tienen chupado, es decir, ya se lo han chupado todo a quien corresponda con la debida antelación por lo que pudiera pasar. Porque, imbéciles, no son, son listos de la hostia, pero lo de chupar, se les da de maravilla. Siempre se podrán ganar la vida en el cine pornográfico si un día se tuercen las cosas. Y aunque no se tuerzan si descubren que su vocación va por otro lado. A mí me gustaría ser contertulio y llamar puta a más de una y maricón de mierda a más de otro, que eso no es insultar. Puta es un oficio y maricón de mierda es un estado de ánimo. Eso sí, jamás osaría llamar a nadie contertulio de pacotilla
para que me demande y me toque un juez contertulio. Hay que ser imbécil...
6-1-14
Hay una cosa que no vamos a discutir, ni ahora ni nunca: a Humphrey Bogart y a Ingrid Bergman siempre les quedará París. A mí, personalmente, no me me queda nada. He perdido la fe, la esperanza y la caridad cristiana. No es que esté loco por morirme, pero no me disgusta la idea y, cuando me haya muerto, todavía me disgustará menos. Pero, ¿qué os queda a vosotros, los que aún esperáis un montón de cosas de la vida?. O, ¿a vosotros que, como cobráis una suculenta pensión que os paga ese papá estado al que tanto aborrecéis, no tenéis ninguna prisa por moriros, es más, os jode de la hostia tener que moriros un día de estos?. ¿Os queda París?. ¿Es éste el principio de una gran amistad?. Una mierda pinchada en un palo es lo que os queda, o lo que es lo mismo, una papeleta con nombres que no conocéis de nada, que no son nadie, porque los que han puesto ahí sus nombres les van a pasar factura y los van a convertir en borregos a su servicio. Vosotros ni siquiera seréis borregos al servicio de esos jilipollas que se creen los amos, ni sois ni seréis nada. Eso sí, votar, votaréis. En el año treinta y tres, los alemanes también votaron. Y si se os ha pasado por la cabeza que, al fin y al cabo, la vida os sonríe porque los muertos siempre son otros, los desgraciados siempre son otros, los miserables siempre son otros y las putas siempre son las madres de otros, apañados vais. Claro que, en el fondo, tenéis suerte, cuando este mundo que estáis mandando a tomar por el culo se vaya por fin a tomar por el culo, estaréis todos muertos, lo habréis legado a vuestros hijos, a esos que queréis tanto, a esos por los que lo hacéis todo. Ese dios en nombre del cual pisoteáis a los diferentes se debe estar descojonando. Porque, con poco que se os parezca, ya ha decidido mandaros a todos al puto infierno.
5-1-14
Nadie va a poner ahora en duda que Bruto era un hombre honrado, como dijo Guillermo el Bardo. Porque está claro que Marco Antonio no dijo tal cosa en su puta vida, ni siquiera al oído de Cleopatra mientras le ponía los cuernos a César. No, lo dijo el Bardo, o lo escribió primero y lo dijo después interpretando el personaje en su querido Globe. Pero la cuestión, aquí y ahora, sería qué coño significa eso de ser un hombre honrado. Porque todo el mundo sabe lo que es una mujer honrada, hasta el propio Bardo lo sabía: una mujer honrada es aquella que todavía conserva la honradez, o lo que es lo mismo, Cleopatra no era una mujer honrada. Mantener la honradez para un hombre, si no es maricón perdido, le resulta muy sencillo. Un hombre honrado sería, entonces, aquel que se pasa la vida deshonrando mujeres mientras él mantiene la suya intacta y virginal, es decir: Bruto era un hombre honrado, puede que Marco Antonio también lo fuera pero, desde luego, César no lo era en absoluto. Todo el mundo sabe que sus legionarios se lo tiraban antes de entrar en combate. Vivimos en un país lleno de hombres honrados que andan por ahí jodiendo a todo dios, pero que a ellos nos los jode ni cristo. Esos hombres nos gobiernan, nos dirigen, nos dicen lo que tenemos que hacer, lo que es pecado. Incluso, a veces, nos dicen buenos días y nos tutean, sobre todo si están ungidos con una corona impuesta directamente por la mano de dios, o de Franco, que viene a ser lo mismo. No olvidéis pagar la factura de la luz, ni la del agua, porque os la cortan. Y si os la cortan, ¿con qué deshonraréis mujeres para poder ser hombres honrados?.
4-1-14
Ser rico es una enfermedad como otra cualquiera, como ser pobre, por ejemplo. Y no consiste en tener dinero, ni mucho menos. Los síntomas característicos del rico consisten en pensar que se merece lo que se es, o se cree que se es, independientemente de lugar y el momento en que se ha sido lo que se es, o lo que se ha creído ser. Tampoco es cierto que sean pobres de espíritu, en ese caso serían bienaventurados, y no lo son, están enfermos. Y eso de que no tienen corazón es un mito sin fundamento, incluso a algunos de ellos les funciona como un reloj. Un rico es una persona que es o se cree alguien, que tiene o cree tener cosas, y que esas cosas que tiene o cree tener son suyas por derecho, por justicia y por merecimiento. Es decir, no sólo están enfermos, son, además, unos jilipollas. Si algún día a alguien le da por volver a tomar la Bastilla, sus cabezas rodarán por derecho, por justicia y por merecimiento. Otro mito muy extendido es que ser rico es una enfermedad genética, de ahí que se les llame a veces hijos de puta. Tampoco es cierto: se trata de una enfermedad grave, muy contagiosa, pero en absoluto genética. Un rico puede tener un hijo absolutamente pobre que, con el tiempo, sea más pobre todavía. De la misma forma que un pobre puede tener un hijo absolutamente rico que, con el tiempo, llegue incluso a ser millonario. Rico no se nace, como no se nace tonto del culo, rico se hace uno con el tiempo, poco a poco, a fuerza de creerse las mentiras de los otros ricos y como paso previo a ser tonto del culo. Y si alguno piensa que está vacunado contra esa enfermedad y con él no va la cosa, eso significa que ya es un tonto del culo y se volvió rico hace mucho tiempo. Yo me he comprado una crema que me hace pobre, me ha costado una fortuna, pero alguna ventaja habíamos de tener los ricos. ¿O no?.
3-1-14
Todo el mundo ha jurado alguna vez morir por una bandera, por la que sea, eso no importa, no vamos a echarles en cara ahora a los alemanes que juraron morir por la bandera del III Reich, ni tampoco a los que murieron por la bandera española monárquica habiendo jurado morir por la republicana. Lo curioso de todo esto no es que sea una barbaridad ontológica, lo realmente curioso es que luego, si llega el caso de morir de verdad, nos toca los cojones tener que morir por la puta bandera. Y es que esos trapos de colorines son la hostia en verso, incluida la de las dos tibias cruzadas y la calavera, aunque ésa, por lo menos, es en blanco y negro. Yo podría decir: eso a mí no me pasa, yo nunca he jurado morir por ninguna bandera. Decirlo, podría. Mentira, sería. Pero, claro, también mentí cuando juré. Y, ¿qué se puede esperar de un mentiroso?. Otra cosa es que, aprovechando que pasa el tiempo y que se supone que maduramos y vemos las cosas con más amplia perspectiva, achaquemos aquellos juramentos tontos a nuestra inocencia, a nuestra ardiente juventud o a nuestra ignorancia de entonces. Yo prefiero aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para, ya que estamos, apostatar, abjurar, maldecir... y cambiar de bandera.
2-1-14
Hace muchos años, comencé llamando a España país. Luego me lo pensé mejor y comencé a llamarla estado. Finalmente, he optado por llamarla esa cosa. Nunca me he sentido especialmente orgulloso de ser español, pero jamás me había sentido tan avergonzado de serlo como me siento ahora. Y no es que quiera ser inglés, pongamos por caso, ni loco, vamos. Ni tampoco francés ni nada por el estilo. No se trata de eso.
Es otra cosa, un como anda y que os den... Por ejemplo, si yo fuese diputado del Partido Popular, me tiraría a todas mis secretarias, y voto a Dios que tendría muchas. Eso sí, luego no las dejaría abortar a las muy putas.
Y preguntará usted, caballero de reluciente armadura, derecho de pernada y miembro de tan ilustre formación política: ¿Qué ocurriría si fuese usted diputada, es decir, miembra, de tal partido?. Exactamente lo mismo: tirarme a todas mis secretarias, porque si yo fuera mujer, sería lesbiana, y si fuera una mujer de derechas, es decir la hostia de rica, sería más lesbiana todavía. ¿Alguien ha preguntado en la sala qué haría de ser ser diputado del Partido Socialista Obrero Español?. Muy sencillo, primero le quitaría el "di" y luego el "do", y cobraría cincuenta euros, ni un céntimo menos. Eso sí, si fuese miembra, como sería lesbiana, lo haría gratis hasta con las miembras del enemigo. Porque esta cosa no va de rivales, sino de enemigos, hemos inventado los talibanes laicos y los beatos infieles. A las tortillas de patata les echamos muchos cojones y pocos huevos y violamos a la convivencia por delante y por detrás pero, eso sí, de abortar, nada.
1-1-14
Cuando hago examen de conciencia, me ocurre algo muy curioso: no puedo hacerlo sin aplicar la transformación de Lorenz y el tiempo se dilata dada la velocidad con la que viajan los recuerdos. De ese modo, todo lo que pude haber hecho o dejado de hacer carece de sentido. No puedo haber tenido tiempo de ser tan malo. Por eso los pecados no me duelen, se curvan por efecto de la gravedad y me resbalan. La ecuación del propósito de la enmienda no me cuadra, ni con transformación, ni sin ella. Si un medio más un medio, para Einstein eran cuatro quintos, o yo estoy muerto y mi punto de observación me impide verlo, o no estoy todavía aquí y ahora, pero lo estaré allí y luego. Como no lo tengo claro, no tengo intención de jugar a los dados con el Universo. Mi confesor es un pervertido que sólo quiere saber de mis pecados para hacerme luego chantaje, es una especie de Wert, pero un poco menos hijo de puta. Eso sí, de la penitencia no me escapo, llevo cumpliéndola desde que nací, y la voy a seguir cumpliendo después de muerto. Porque he nacido en un mundo donde los privilegios los reparte dios, es decir, el malo de la película, el causante de las guerras, del hambre y de la miseria. Feliz año nuevo, estúpidos.
31-12-13
A veces las cosas dependen de mí, pero una de esas cosas no soy yo. Yo no dependo de mí. Nunca. Mis ideas son las que son a pesar mío. Hay gente a la que quiero y hay gente que no me gusta nada, a pesar mío.
Pero no tengo ninguna intención de echarme a llorar por ello, en el fondo me gusta la idea. Sobre todo cuando se trata de libros, porque, dada su eternidad y su cabezonería, ¿por qué había yo de amar a unos y odiar a otros?. Podría amarlos a veces y odiarlos de vez en cuando, porque yo no soy como ellos, yo soy como la gente, el viento manda y soy lo que soy a pesar mío y dejo de serlo aunque me toque los cojones. La otra gente, esos que son como yo, viento y olvido, me aman o me desprecian a pesar suyo. Si un día dejan de amarme es porque jamás me amaron y si dejaran de despreciarme (Dios no lo quiera), tendría yo que hacer algo al respecto y eso sí que me tocaría los cojones. Una vez odié tanto a una mujer que me la hubiera comido, a mordiscos o a besos. La hubiera matado, a navajazos o a polvos. Pero hubiera sido a pesar mío. Y, a pesar mío, no lo hice.
30-12-13
No puedo echaros de menos porque no me puedo permitir el lujo de tirar por la borda los cuatro putos días de vida que me quedan. Es cierto que os quiero, que tengo una apetencia por vuestra compañía, pero no pienso consentir que un gramo de puta melancolía ilumine la ausencia del aire de vuestro viento. No pienso añorar lo que nunca fue, o si fue, no lo tengo muy claro. No voy a morirme y dejaros tirados, ni voy a dejar de quereros sólo por esa tontería de morirse uno. Ese buen amigo que siempre va conmigo, lo que de verdad me enseñó, fue el secreto de la misantropía. Así que me voy a morir tranquilamente encerrado en mi cueva, como un oso solitario, pero feliz de la hostia cada vez que pueda reírme con vosotros, pero oso otra vez en mi caverna. Empecé siendo yo contra el mundo hasta que fue el mundo contra mí, para acabar siendo yo mi mundo, mi enemigo y mi asesino. Pero os quiero, que quede claro que os quiero. Sin necesidad de que me queráis a mí, aunque podéis hacerlo si os apetece, me importa un güevo. Así, si lloráis, será por vosotros, no por mí. Yo, ni me enteraré que he muerto.
lunes, 30 de diciembre de 2013
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