-Te advierto que esa leña es propiedad privada.
-Punto número uno: no es leña, son sarmientos. Punto dos: Orencio lleva tirando los sarmientos de la poda de sus cepas en este montón desde hace más de veinte años, seguro que los sarmientos de abajo ya han echado raíces, ramas y hojas, y que no tardarán mucho en dar hasta uva. Punto tres: Orencio no ha pegado fuego a la montaña de sarmientos porque yo se lo he prohibido bajo la amenaza de feroces represalias legales, entre otras cosas porque yo necesito los sarmientos para hacer lumbre y torrar cosas. Y punto cuatro: o te callas la boca o te empapelo por desacato.
-¿Por qué había Orencio de pegar fuego a su montaña de sarmientos?.
-Porque no los necesita para nada y así es como la gente del campo se deshace de lo que le sobra.
-Le prohíbes quemarlos a él para luego quemarlos tú.
-Le prohíbo desperdiciarlos para luego aprovecharlos. ¿Captas la diferencia?.
-¿Y con qué autoridad haces algo así?.
-Con la autoridad que me confiere ser miembro del Benemérito Instituto en una dictadura militar. No se te habrá ocurrido ni por un momento que el general Francisco Franco Bahamonde es Caudillo de España por la Gracia de Dios.
-Pues lo pone en todas las monedas.
-Las monedas van de mano en mano y nadie se las queda, son más falsas que Judas, mienten cuando besan y son la perdición de los hombres. El Caudillo de España no lo es por la gracia de dios, sino por el apoyo incondicional durante la Guerra Civil de la Guadia Idem. Además, Orencio es dirigente del Partido Comunista de España, y eso sí que es un delito, échale un vistazo al vigente Código Penal.
-Y si Orencio es un rojo, ¿por qué no lo metes a él en la cárcel en lugar de dedicarte a quemar su leña?.
-Porque somos amigos desde que hicimos juntos el Bachillerato, porque le quité la novia, porque nunca le pago los churros los domingos por la mañana y porque me pasa por los cojones.
-Y porque eres el jefe de pareja y un prevaricador.
-Con lo bien que se va de auxiliar prevaricando lo que te mandan como nos enseñaron en la Academia.
-Pues es verdad. Nunca he querido ser jefe de pareja, es una putada.
-Voy a torrar las chuleticas que me regaló anoche la Mercedes, la mujer del Emilio, y nos las vamos a almorzar con una hogaza de pan del horno de Orencio y una botella de vino de Orencio a la salud de Orencio.
-¿Orencio tiene un horno?
-Y un alambique, ambos clandestinos. Y el muy cabrón, en vez de alimentar el horno con sus putos sarmientos, lo hace con ramas de pino que roba en los montes públicos porque, según él. son del pueblo.
-¿Del pueblo de Ayora?.
-No, me refiero al conjunto de individuos enemigos de España Una Grande y Libre, también conocido como pueblo a secas. O sea, él, sus amiguetes, sus putos cojones y los putos cojones de sus putos amiguetes. También conocidos como camaradas.
-¿Quieres que te ayude a echar más sarmientos a la hoguera?.
-Ya va siendo hora de que aprendas a respetar y a obedecer a tus superiores. ¡Más madera que es la guerra!.
-¿Cuándo le has comprado a Orencio la hogaza de pan?.
-Esta mañana a las cinco y media. Y no se la he comprado, la he sacado del horno personalmente con la pala de madera.
-Y no se la has pagado.
-Querrás decir que no lo he metido en la cárcel por elaborar pan clandestino.
-¡Qué suerte tiene Orencio de tener un amigo como tú!.
-Pues el muy hijo de puta piensa que el que tiene surte soy yo.
.¡Será cabrón!. ¿Quieres que vaya un día de éstos y le dé una buena ensalada de hostias?.
-¡No, hombre, no!. Orencio es mi amigo. Prueba las chuleticas y el pan.
-Oye, esa mujer del bar debe quererte mucho. Te ha puesto casi un kilo de chuletas en la fiambrera.
-En principio me había puesto seis, pero cuando se enteró que mi compañero de servicio era el recién casao, porque no sé si sabrás que, en este pueblo, yo soy "el soltero" y tú "el recién casao", pues fue la buena mujer y me puso seis más.
-¿Por qué?, a mí no me conoce.
-En ese caso, ¿por qué crees que lo habrá hecho?.
-Por ti, lo ha hecho por ti.
-¿Qué te ha puesto tu mujer en la cartera de camino par almorzar?.
-Una tortilla de patatas de seis huevos. Siempre me la hace de tres, pero cuando se enteró de que mi compañero de servicio era el soltero, la hizo de seis.
-¿Y qué vas a hacer con la tortilla?.
-No te preocupes, las tortillas de patatas de mi mujer están más buenas frías que calientes. Esta noche nos la cenamos mano a mano ella y yo.
-¿No se ofenderá?.
-¿Contigo?, ¿por haberme invitado a chuleticas torrás?. Tu no sabes la admiración que Manoli siente por ti.
-Sí lo sé, pero yo pensaba que era porque como somos tocayos...
-¡Hostia!. Es verdad, sois tocayos.
-¡Qué cosas tiene la vida!, ¿no, tú?.
-Tu amigo Orencio será todo lo comunista que tú quieras y este pan será clandestino y delictivo, pero está de bueno que tumba de culo.
-Pues prueba el vino de la bota, que también es de Orencio.
-¡Coño con el Orencio de los huevos!. Habrá que darle las gracias.
-No te preocupes, te prometo que el día que lo fusilemos en la tapia del cementerio, antes, yo personalmente le daré las gracias de tu parte.
-Y luego le das el tiro de gracia.
-Pienso dejarle los sesos esparcidos por la yerba.
-¡Por Orencio!.
-Eres polilla, ¿verdad?.
-Sí, dos borrachos mataron a mi padre, mi madre volvió al pueblo con su familia y yo acabé en Valdemoro,
-¿Con derecho a galones?.
-Sí, siempre he sido un buen chico.
-Pues algún día serás tú mi jefe de pareja, incluso mi comandante de puesto.
-Manoli y yo hablamos a veces de ti.
-¿Antes o después?.
-¿Qué quieres decir?.
-No me hagas caso, son cosas mías, como las elipsis narrativas y los fundidos en negro.
-¿Ves?, de eso es de lo que hablamos.
-¿De que soy un tipo raro y estoy loco?.
-Ella dice que tú deberías ser el capitán de la Compañía, no un guardia más.
-¿Y por qué dice eso?. ¿Tanto me odia?.
-¿Odiarte?. ¿A que no te has fijado que se pone colorada cuando la miras?. Dice que eres el hombre más guapo del pueblo. No entiendo qué ven las mujeres en ti.
-¿Qué mujeres?.
-¡Coño, pues anda que no hay!. La secretaria del ayuntamiento, la mujer del sargento, su hija, la doctora ésa de Valencia, la mujer del Emilio... Y Dios sabe cuántas más.
-¿Y sabe Dios si me las he tirado a todas?.
-¡Yo no he dicho eso!.
-Y, además, no has incluido a mi favorita.
-Ya me imaginaba yo que había una que te gustaba más que las otras. Una novia, ¿verdad?.
-No, estoy hablando de Manoli. Está para mojar pan.
-Te estás burlando de mí. No se puede hablar contigo, te lo tomas todo a broma.
-Ya sabes, muchacho, a las nueve en el convento y a las diez en esta calle.
-¿Ves?, eso es lo que más le gusta a Manoli de ti. A ella también le encanta leer, seguro que habría entendido lo que acabas de decir.
-¿Qué tipo de libros lee Manoli?.
-Cualquiera que caiga en sus manos, pero en casa sólo debe tener como media docena.
-Mi pabellón está siempre abierto y, como todo el mundo sabe, lleno de cientos de libros apilados. Puedes decirle que no tiene más que empujar la puerta. A veces, hasta estoy yo y todo, ¿quién sabe?, podría ser el principio de una bonita amistad... ¿De qué te ríes?.
-Me estoy imaginando a Manoli entrando en tu pabellón y sorprendiéndote tumbado en la cama en calzoncillos leyendo un libro. Sería algo así como ver salir el sol por el Monte Mayor.
-Conozco, además, una altiva biblioteca en una preciosa casa donde vive una mujer todavía más hermosa, en la que debe haber más del doble de libros que en mi pabellón. Allí, Manoli tendría que llamar a la puerta, con la aldaba, no, con la aldaba sólo llamo yo, hay un timbre a la izquierda.
-¡Me cago en la puta, estás hablando en serio!.
-Con roda la seriedad que se puede esperar de un payaso como yo que, por cierto, no usa calzoncillos.
-Manoli se pasa todo el día en casa, esperándome. Sólo sale a pasear conmigo. A veces vamos al cine Regio y algunos domingos tomamos el aperitivo en el Cazador.
-¿Y eso te parece bien?.
-Me parece una putada. Un día os vimos pasear por la carretera de Albacete a Doña Águeda y a ti, debías hablar de algo muy interesante, quizá de un libro, porque se os veía muy entusiasmados. Miré a Manoli de reojo y me di cuenta de que se estaba muriendo de envidia. Y yo casi me muero de pena.
-¿Celos?.
-¡Y una mierda!. Fue porque no era yo el que hablaba con Doña Águeda de un libro que nunca leeré y no era Manoli la que hablaba contigo de un libro que siempre ha soñado leer.
-A ti lo que te gustaría es que Manoli tuviera su vida propia, sus amigos, sus aficiones, y tú ser sólo el gran amor de su vida.
-O uno de los amores de su vida, con eso ya me daba con un canto en los dientes.
-¿Qué cuentan los otros sobre Águeda y yo?
-A mí, nada. Pero supongo que entre ellos...
-¿Y por qué no te lo cuentan a ti?.
-No sé, a lo mejor tienen miedo de que me vaya de lengua.
-¿Tienen miedo de que luego vayas y me lo cuentes a mí?.
-O al sargento. No sé.
-Sí has oído lo que cuentan. Es posible que no te lo hayan contado personalmente, pero te lo han dejado caer o te han permitido escucharlo. A ti te ha hecho maldita la gracia, y piensas que, si me lo dices, igual voy y les corto los huevos.
-Te juro por mi honor que jamás le he escuchado a ninguno de ellos nada malo de ti, y muchísimo menos de Doña Águeda.
-El Honor es la principal divisa, muchacho. Ten cuidado con lo que juras.
-Pues te lo juro por la principal divisa.
-Te advierto que, una vez perdido, no se recobra jamás.
-Te estás burlando del puto reglamento de los cojones. Peor aún, te estás burlando de mí.
-Claro, muchacho. ¿Qué esperabas del Burlador de Ayora?.
-¿Te apetece cenar esta noche tortilla de patatas con Manoli y conmigo?.
-¡Voto a Dios que nada me complacería más!.
-Pues estás invitado.
-¡Ah, no!, ¡eso sí que no!.
-¿Por qué?.
-Si no me invita Manoli en persona, no voy.
-¿Quieres que ella sola se dirija a ti en medio del patio del cuartel, que te sonría coqueta y que te invite a cenar?.
-O eso, o que se presente en mi pabellón sugerente y que me tire los tejos.
-Pero a escondidas.
-Asunto confidencial.
-Sin papeleta de servicio.
-Ilegal, inmoral y desvengonzado.
-Supongo que yo no tendré que responder de nada.
-En absoluto, muchcho. Todo el mundo sabe que la honra es de Dios.
-No me imagino a Manoli coqueteando con nadie.
-En ese caso, tendré que hacerme el ánimo y coquetear yo con ella.
-Tampoco te imagino a ti coqueteando con nadie.
-Pues con Águeda coqueteo todo lo que puedo.
-¡Y un jamón con chorreras!. Es ella la que te coge del brazo cuando paseáis por el caminico de la Balsa Mayor, entre los chopos.
-¿Nos vigilas por iniciativa propia o cumples órdenes superiores?.
-Os he visto un por de veces por casualidad y de refilón. Yo no me meto en esas cosas.
-No, ¡qué va!. Pero has llegado a la conclusión de que la santa esposa de nuestro Comandante de Puesto anda por ahí coqueteando con los guardias como una pelandusca.
-Si ofendes a Doña Águeda delante de mí, te la estás jugando. Por mucho respeto que te tenga.
-¿Me vas a retar a duelo para defender su honor?.
-No. Te voy a pegar una patada en los cojones y te voy a retirar la palabra.
-Tú eres el que ha dicho que es ella quien se coge de mi brazo.
-Lo hace porque sabe que puede hacerlo sin que tú te lo tomes por lo que no es.
-Si Manoli me cogiera del brazo mientras paseamos entre los chopos por el caminico de las Balsa Mayor, ¿pensarías lo mismo?.
-¿Y por qué ibais a pasear Manoli y tú entre los chopos del caminico de la Balsa Mayor?.
-Hay muchos motivos. Por ejemplo, a mí me encantaría.
-Y a ella también. Perro no lo haría ni borracha.
-¿Por miedo al qué dirán?.
-Por vergüenza. Le gustas demasiado.
-¿Me lo dices porque sabes que puedes decírmelo sin que yo me lo tome por lo que no es?.
-Sí.
-¿Y no piensas hacer nada para que Manoli y yo podamos hacer eso que tanto nos encantaría?.
-Si yo me meto, ella no lo entendería
-¿Pensaría que te la quieres quitar de encima?.
-No, ¿cómo va a pensar eso?.
-Os propongo un trato, caballero. Si no os importa que actuemos de forma aviesa y retorcida con tan gentil damisela, algo que en modo alguno enaltecerá nuestro honor, pero sí nuestra astucia.
-Tú quieres que nos comportemos como dos canallas y que abusemos de la inocencia de Manoli.
-La culpa siempre será suya por utilizar su dulce inocencia para despertar nuestros canallescos instintos.
-¿Intentar proporcionarle emociones nuevas que la hagan sentirse viva y feliz son instintos canallescos por parte nuestra?.
-Por supuesto que lo son. ¿Te la imaginas sonrosada y sonriente, henchida de de emociones nuevas y desconocidas, mirándonos con picardía y exclamando: "¡Seréis canallas!"?.
-Y nosotros le diremos: "¿verdad que sí?".
-He aquí mi plan, camarada.
-¡Coño!. ¿Ya no somos caballeros andantes y nos hemos hecho comunistas?.
-Mientras no nos hagamos guardias civiles...
-No, eso sí que no.
-La invitas un día a pasear entre los chopos por el caminico de la Balse Mayor. Le dices cosas bonitas, pasas el brazo por sus hombros, ella te rodea por la cintura... ¡vamos, como dos tortolitos arrullándose!.
-Como cuando éramos novios.
-No exactamente. ¿Cuando erais novios te sentías como un canalla haciendo esas cosas?.
-¡Claro que no!.
-Pues lamento decirte que ahora ya no será igual: te sentirás como un canalla y como un embaucador. Ten en cuenta que le estaremos tendiendo una trampa falaz y taimada.
-¿Eso vamos a hacer?.
-¡Claro, hombre de Dios!. Porque me hallaréis casualmente recostado contra el tronco de uno de los chopos leyendo un libro, y no cualquier libro, estaré haciendo como que leo "Madame Bovary".
-¿No lo estarás leyendo?.
-¿Para qué?. Me lo sé de memoria.
domingo, 31 de enero de 2016
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